Perder a un animal de compañía duele porque es familia. El cuerpo lo nota: sueño raro, hambre irregular, la mente buscando su sombra en cada rincón. A mí me pasó con mis tres gatos; los primeros días tras acompañarlos en la eutanasia el vacío en casa era aplastante y me descubrí mirando donde siempre dormían, como si todavía fueran a aparecer. Es normal.
Antes, durante y después: el mapa del duelo
El duelo no es una línea recta ni un proceso ordenado. Es más bien un territorio cambiante en el que el cuerpo, la mente y las emociones reaccionan de formas inesperadas. Tras la muerte de una mascota, es habitual sentirse descolocado, cansado y con una sensación de vacío difícil de explicar.
En los primeros días, el impacto suele ser más físico de lo que imaginamos: alteraciones del sueño, del apetito o una necesidad constante de buscar a quien ya no está. Todo esto forma parte de un proceso normal de adaptación a la ausencia.
Qué puedes esperar en las primeras 72 horas
Durante las primeras horas y días tras la pérdida, muchas personas comparten sensaciones similares. Saber que son habituales puede aliviar la preocupación de “estar haciéndolo mal”.
- Oleadas emocionales: momentos de aparente calma seguidos de un nudo repentino en la garganta.
- Automatismos: llenar el comedero, abrir la puerta con cuidado, llamar por su nombre. El cerebro tarda en actualizar las rutinas.
- Culpa y dudas: “¿Hice lo correcto?”, “¿Esperé demasiado o me adelanté?”. Estas preguntas no son un juicio, son parte del proceso.
Qué hacer durante estas primeras 72 horas
No se trata de “estar bien”, sino de cuidarte lo suficiente mientras el impacto se asienta. Pequeños gestos pueden marcar una gran diferencia.
- Respira y simplifica: baja expectativas y pospone decisiones no urgentes.
- Nombra lo ocurrido: decir en voz alta “ha muerto” o “nos hemos despedido” ayuda a integrar la realidad.
- Cuida lo básico: hidrátate y come sencillo. El duelo también es físico.
- Escribe durante 10 minutos: sin corregir, sin ordenar. Volcar lo que hay dentro libera tensión.
- Contacta con tu tribu: una persona que escuche sin minimizar.
- Realiza un pequeño ritual: no para olvidar, sino para marcar que el vínculo cambia de forma.
Las fases del duelo (sin corsés)
Solemos hablar de fases, pero conviene entenderlas como estados que se mezclan y reaparecen, no como escalones que se superan uno a uno.
- Negación o atontamiento: “no me lo creo”.
- Ira: hacia el mundo, el veterinario o uno mismo.
- Negociación: “si hubiera hecho…”.
- Tristeza profunda: aparece el peso real de la ausencia.
- Aceptación: el recuerdo duele menos y deja espacio a la ternura.
Cada duelo es único. El dolor por una mascota merece el mismo respeto que cualquier otro vínculo significativo.
Cuando la despedida fue con eutanasia
La eutanasia suele vivirse como un acto de amor muy difícil de sostener. Puede traer alivio (porque el sufrimiento termina) y, al mismo tiempo, una culpa intensa. Prepararse y cuidarse antes y después de la eutanasia ayuda a integrar la experiencia sin quedar atrapado en el reproche.
Antes de la despedida
- Habla con el equipo veterinario y pregunta todo lo necesario.
- Decide quién estará presente y qué ocurrirá con el cuerpo.
- Prepara una manta, un objeto querido y una palabra de cierre.
Después
- Evita decisiones grandes en caliente (donar todo, adoptar de inmediato).
- Reserva un espacio para ti a las 24–48 horas: paseo lento, ducha larga, escritura.
- Si aparecen imágenes intrusivas, prueba la respiración 4–6 (inhalar 4 segundos, exhalar 6 segundos).
La culpa y la ambivalencia: por qué aparecen y cómo gestionarlas
La culpa es una compañera frecuente en el duelo por mascotas, especialmente cuando hubo decisiones difíciles. Suele aparecer porque intentamos encontrar control allí donde hubo inevitabilidad.
Mirarla de frente ayuda a que no se enquiste:
- ¿Qué intención hubo en mi decisión? (cuidar, aliviar dolor).
- ¿Qué sabía en ese momento? (no juzgues con información posterior).
- Escribe una carta de compasión a tu yo de ese día.
La culpa no es una deuda eterna: con el tiempo puede transformarse en gratitud por el vínculo vivido.
Rituales y escritura que sanan
No necesitas ceremonias grandes. Necesitas marcar simbólicamente que el vínculo continúa de otra forma. Sin duda, la escritura terapéutica es una herramienta que te ayudará en el duelo.
Plantilla breve de carta de despedida
- Gracias por…
- Lo que más voy a extrañar es…
- Me perdono por…
- Me quedo con este recuerdo…
- Te dejo ir en el cuerpo, pero te llevo en…
- Hoy cierro este día con…
Mini-rituales en casa
- Rincón de memoria con foto y nombre.
- Caja o álbum con un objeto significativo.
- Paseo de despedida o unos minutos en su lugar favorito.
- Donación consciente cuando estés listo/a, no antes.
El hogar cuando falta: llenar el vacío sin borrarlo
Buscar a tu mascota por la casa es una reacción natural. El objetivo no es eliminar los recuerdos, sino ordenarlos con cuidado.
Ordenar sus cosas
- Divide en tres: me quedo, dono más adelante, no me sirve.
- Conserva uno o dos objetos significativos.
- Guardar el plato o la cama temporalmente no es traición.
Rutinas amables
- Sueño con horarios regulares.
- Movimiento suave diario.
- Una llamada al día a alguien que sepa escuchar.
- Límites claros ante frases que minimizan el dolor.
Niños, mayores y entorno: cómo contar la verdad con cariño
Con niños
- Usa palabras claras: “murió”, “su cuerpo dejó de funcionar”.
- Evita eufemismos confusos.
- Invítales a participar en rituales.
- Repite que no es culpa de nadie.
Con adultos
- Escucha historias y honra su vínculo.
- Prioriza respeto si hay opiniones distintas.
Frases que ayudan:
- “Siento tu pérdida, ¿cómo era?”
- “Gracias por confiarme su historia.”
Frases a evitar:
- “Adopta otro y ya está.”
- “Era solo un animal.”
¿Y ahora qué? Volver a abrir el corazón
No hay calendario para adoptar de nuevo ni para “sentirse listo/a”. Algunas señales de avance son poder hablar de tu mascota sin desbordarte siempre y notar que la ternura empieza a convivir con el dolor.
Cuándo pedir acompañamiento profesional
Buscar apoyo no es exagerar; es cuidar de ti cuando el peso se vuelve difícil de sostener.
- El dolor bloquea tu día a día.
- La culpa o las imágenes intrusivas no ceden.
- No hubo despedida o hubo conflicto familiar.
En Arestora acompañamos procesos de duelo y final de vida desde la cercanía y el respeto. A veces, una o dos sesiones bastan para ordenar lo que duele y recuperar suelo emocional.
El duelo no borra el amor: lo transforma. Ojalá esta guía te ofrezca un suelo donde apoyar el corazón en uno de los momentos más delicados del vínculo con tu mascota.
Si lo necesitas, en Arestora encontrarás un acompañamiento humano, cercano y sin juicios.

Gracias por todas la herramientas que facilitas y por afrontar un asunto que muchos frivolizan.
Una página cuidada, cercana y profundamente humana. Desde el primer momento se percibe que el acompañamiento en el duelo se trata con respeto, sensibilidad y conocimiento, sin prisas ni fórmulas vacías. Los contenidos están explicados con claridad y un lenguaje accesible, lo que hace que incluso en momentos difíciles resulte fácil sentirse comprendido y sostenido.
Destaca especialmente la forma en la que se valida cada proceso de duelo como único, ofreciendo un espacio seguro donde las emociones tienen lugar sin juicio. Se nota una gran vocación de ayuda, así como una base sólida de formación y experiencia, algo fundamental cuando se trabaja con procesos tan delicados.
Es un recurso muy valioso para quienes atraviesan una pérdida o para quienes buscan información y acompañamiento profesional en el camino del duelo, desde una mirada respetuosa, consciente y auténtica.
Qué importante y qué gran labor social hacen este tipo de acompañamientos
Gracias por vuestras palabras y por el reconocimiento.
Acompañar el duelo con respeto, sensibilidad y sin fórmulas vacías es el corazón de este trabajo. Me alegra saber que este espacio se percibe como un apoyo humano y necesario.
En mi caso siempre que veo un perro, me viene a la mente “ Zar “ un Bóxer que destaco por su paciencia y protección en casa de mis tíos. Nunca lo olvidamos y siempre menos dà mucha pena cuando recordamos ya que tuvo una enfermedad de larga duración y cuando se fue la casa como bien explicas en el blog , se notó demasiado. Ir a casa de mis tíos nunca fue lo mismo notas su ausencia. Muchas gracias. Iván T.